El Gran Soplo (objeto cósmico) / Estado actual
Texto de reflexión. Seminario de Investigación III – 2do. Semestre, 2011
“El Gran Soplo” es el trabajo que presento al terminar el tercer semestre en maestría. Da cuenta de mi proceso de búsqueda inspirado por el interés presente en la actividad solar. Es al mismo tiempo el resultado de más de un año de colaboración con Iván López, investigador asociado al Centro Internacional de Física.
El trabajo consiste en un ventilador casero intervenido con los datos del viento solar en tiempo real. Es un objeto que está en conexión con el flujo de materia que proviene del sol y cuyo funcionamiento está condicionado por éste.
A grandes rasgos su proceso de funcionamiento es el siguiente: el sol envía constantentemente hacia la tierra un flujo cambiante de materia y energía (el viento solar), cuando éste choca contra los sensores de un satélite geoestacionario distante es convertido en un dato, el dato se moviliza libremente por Internet a través de computadoras hasta que es interceptado y procesado por la pequeña computadora atada al objeto haciendo que proporcionalmente éste lo convierta en un evento físico (viento) percibible por nuestros sentidos. En otras palabras, la Naturaleza se vuelve dato, el dato circula por los circuitos de computadoras a través de Internet y finalmente se vuelve viento en el objeto. Me ha parecido llamar a este objeto “un objeto cósmico”.
Encuentro un poco dificil el establecer vasos comunicantes con los textos del Seminario de Investigación III de manera que no resulten forzados o superficiales. Sin embargo, creo que hay algunas conexiones que puedo trazar en particular con los textos Mito y Realidad de Mircea Eliade y con ¿Qué quiere decir pensar? de Martín Heidegger.
Las sociedades arcaicas tenían una conexión íntima con el Cosmos y sus ritmos, conexión que en nuestras sociedades industriales actuales se ha perdido casi por completo, siendo la búsqueda cósmica relevante sólo para especialistas (físicos, astrofísicos, astrónomos), cuyas observaciones son realizadas en centros tecnológicos distantes de la vida ordinaria. Aunque quisiéramos comenzar a indagar por el Cosmos la intensa luz de las ciudades nos oculta la gran mayoría de cuerpos celestes.
Al desprenderse de su conexión cósmica, Occidente ha perdido también sus Dioses y sus mitos siendo éstos reemplazados por la Historia. Como señala Eliade, un individuo occidental no se define como el resultado de un proceso cósmico al cual se encuentra atado hasta en sus más íntimos detalles sino como la consecuencia de una serie de causas y efectos políticos, económicos y sociales. Este ciudadano occidental bien podría definirse como hijo de Galileo, de Newton, de la Revolución Industrial, de la primera y segunda Guerras Mundiales, de Lenin, de Trotsky, de Marx, de Darwin, de Foucault, de Mayo del 68, etc. Sus padres últimos no son Dioses sino eventos humanos, ubicados en la línea de tiempo humana, en su Historia.
Como indica Eliade, los mitos constituyen la irrupción de lo sagrado en el Mundo: “el mito cuenta cómo, gracias a las hazañas de los Seres Sobrenaturales, una realidad ha venido a la existencia. Los mitos revelan la actividad creadora” y “es esta irrupción de lo sagrado la que fundamenta realmente el Mundo”, además: “el mito cosmogónico es «verdadero», porque la existencia del Mundo está ahí para probarlo”1. Pero Occidente ha exiliado a sus Dioses y la existencia del hombre se ha argumentado en la existencia de su razón. “Pienso, luego existo”, ha sido el puntapié final de destierro que el hombre occidental dió a sus Dioses.
Una sociedad sin mitos vive en un mundo desamparado donde su existencia sólo la justifican la razón y los procesos mentales que sólo alcanzan unas capas superficiales de la Realidad, dejando de lado sus Causas Últimas. Eliade establece que al conocer el mito, se conoce el «origen» de las cosas y, por consiguiente, se puede llegar a dominarlas y manipularlas a voluntad.
El significado del mito se asocia con el de una revelación, con el de una verdad “viva” que tiene la capacidad de afectar el comportamiento y las costumbres humanas. En este trabajo no aspiro a la revelación de mitos fundacionales o cosmogónicos sino simplemente a la confrontación en la vida cotidiana con el Cosmos, en particular con la existencia del Viento Solar. Al investigar en la simbología védica, el Sol (Surya, Svar) representa la Verdad y su actuar es un impulso que eleva la Conciencia Humana.
He encontrado que la tecnología actual, en particular las computadoras, aparecen como una alternativa posible que permite alcanzar de nuevo esta conexión cósmica incluso desde nuestra cotidianidad. Si bien estas máquinas hacen del universo una abstracción, un dato, esta abstracción, este dato, puede ser retornado de nuevo al Mundo. De esta manera, la tecnología y la naturaleza establecen un diálogo íntimo que contrasta con el modelo utilitario y funcional Moderno en el cual la tecnología ha alcanzado una significación reducida al servicio de la producción. Pero este significado actual de la técnica aunque “correcto” según Heidegger, no revela su esencia, como lo planteó en su texto la Pregunta por la Técnica. Heidegger señala la esencia de la tecnología como un develar, como un hacer aparecer, como un traer-ahí-delante y en este sentido la vincula con la poiesis, es algo poético2. Algo similar podría decir de la ciencia. La ciencia al servicio de la industria y en general de los mecanismos de poder y del mercado que han dado lugar a su significado reducido actual tampoco revelan su esencia. En su origen la palabra ciencia está vinculada al Conocer (del latín scientia ‘conocimiento’).
Heidegger en su texto ¿Qué quiere decir pensar? indica que la Ciencia Moderna no piensa y argumenta que no lo hace porque lo que hace es demostrar, es decir, deducir desde presupuestos adecuados, y no señalar. Para Heidegger el señalar es el rasgo fundamental del pensar, es el camino hacia lo que, desde siempre y para siempre, da que pensar al hombre. Se puede demostrar cualquier cosa, pero señalar “sólo puede hacerse con pocas cosas y con estas pocas cosas además raras veces”3.
Se señala lo enigmático, lo desconocido. Señalar es marcar un camino del pensar. En este sentido la obra de arte se articula con el señalar y no con el demostrar de la Ciencia Moderna. La obra de arte es una ventana que comunica con lo desconocido.
Leonora Carrington murió este año, ésto lo supe sólo hace unas semanas mientras leía La Trompetilla Acústica. A Leonora Carrington (La Maga), dediqué este trabajo.
A.T.
………
1. Eliade, Mircea: Mito y Realidad. Cap.I, La importancia de los mitos. La importancia del mito vivo. Editorial Kairós, 1999.
2. Heidegger, Martin: La pregunta por la técnica. Conferencias y artículos, Ediciones del Serbal, Barcelona, 1994.
3. Heidegger, Martin: ¿Qué significa pensar? Conferencias y artículos, Ediciones del Serbal, Barcelona, 1994.










