{Sep 18, 2011 }
Ya voy llegando a la mitad de este semeste y a la mitad de mis clases en el laboratorio de genética molecular microbiana. Hasta el momento he aprendido a cultivar bacterias en medios especiales, a estudiar su crecimiento, a extraer su material genético, a diferenciar su cromosoma de sus plásmidos (material genético extracromosomal) y a prepararlas para transformarlas con plásmidos que les generan resistencia a antibióticos. También he aprendido a manejar micropipetas, a preparar reactivos, a usar la centrifugadora, la incubadora, el espectrofotómetro, a hacer electroforesis para inferir contenidos genéticos y hasta aquí voy.
Algunas ideas que me han surgido:
Cultivar: sembrar, cuidar, recolectar. De hecho se siembran bacterias como se siembran papas, y ésto me hace pensar que la biotecnología es sólo una continuación a escala más pequeña de los procesos de la agricultura. El mismo proceso de domesticación de la Naturaleza pero a otra escala. Creo que Heidegger tendría muchas cosas que decir aquí al respecto, o a lo mejor no.
Las bacterias se cultivan para estudiar su crecimiento, saber qué nutrientes les caen bien, cuales no, etc. En esto un cultivo de bacterias se parece mucho a un cultivo de papas. Pero también se cultivan para estudiar su comportamiento y su código genético.

“Rastrillo” para sembrar bacterias
El ratón de laboratorio a nivel bacterial es la escherichia coli, más conocida como e-coli. Una bacteria que se encuentra en casi todas partes, incluso en nuestro cuerpo.
Una de las cosas que más me ha sorprendido es lo increiblemente pequeñas que son y lo increiblemente complejas. Son células (mínima noción de vida en la materia) que reaccionan al ambiente, se comunican entre ellas, intercambian su material genético, que se dividen (nacen) y que mueren.
Hablando de muerte, ha sido muy extraño este contacto con las bacterias porque parece que no se siente nada cuando uno tiene en la mano un pequeño recipiente con miles de millones de ellas y luego les agrega una sustancia para incentivar su lisis (rompimiento de la membrana y consecuente liberación al medio exterior de su contenido). Esta frontera entre vida y muerte parece muy inperceptible a nivel bacterial. Sin embargo es vida lo que fluye por ellas, la misma que fluye por nosotros, por una planta, por un león o por una ballena.
Esto me ha llevado a especular sobre los centros de energía en las bacterias y he comenzado a hacer unos dibujos donde ubico algunos chakras en su cuerpo. Las bacterias deben tener al menos tres chakras:
- Chakra de entrada de energía. Es la conexión de la bacteria con la energía pránica. Su punto de entrada del flujo de la fuerza de vida.
- Chakra o chakras de control de sus “orgános” internos. Son puntos de contacto entre la energía pránica y la materia que constituye la bacteria. Son los “gestores” de energía. Como las bacterias no tienen órganos propiamente dichos, sólo material genético y una “maquinaria” que se encarga de leer este material y hacer su materia, los chakras deben estar vinculados a estos procesos, controlando la acción de ribosomas, el ensamble y desensamble de enzimas, etc.
- Debe haber al menos un tercer chakra pero no sé qué haría. Por el momento lo llamaré Chakra M.
Tengo planeado hacer unos pequeños grabados al respecto.
La vida a escala microscópica
Qué es la vida? Dónde está el límite con la muerte? Cuando me acerco al fenómeno de la vida a nivel microscópico (bacterias) es como si estuviera llegando a un límite donde las categorías que hemos aprendido para describir la vida se vuelven inadecuadas o insuficientes. Pero, no es que necesitemos nuevas palabras, no es cuestión de nombres.
Bacterias y cristales, piedras y humanos, planetas y soles. Todo el universo está dotado de vida. La muerte no es más que la otra cara de la misma moneda.







